El gran problema de la falta de fe

«Pero tiene que pedir con fe y sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento agita y lleva de un lado a otro».

Ahora bien, tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve.

FE, una palabra tan pequeña que implica tantas cosas. Tener fe es para algunas personas muy fácil; sin embargo, si eres como yo, dudas hasta de tu propia sombra. Que dudes no quiere decir que la fe no exista; dice que no eres lo suficientemente fuerte para creer que exista.

Sí, creer en lo que es intangible es muy difícil. Cuesta mucho esfuerzo; tienes que depositar mucha esperanza en algo que no sabes si vas a contemplar con tus propios ojos. En esto consiste la fe, creer que aunque no puedas verlo, está ahí o sucederá.

Según la biblia ¿Qué es la fe?
“La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Es un principio de acción y poder. Nos lleva a ponernos en acción; a no esperar sentados lo que venga, sino a hacer y esperar que todo salga como esperas.

Es como caminar por un túnel muy oscuro con apenas una linterna que no alcanza a iluminar la salida. Vas caminando en la oscuridad; a veces te tropiezas y te ves obligado a levantarte y seguir. Sabes que el túnel llevará a alguna parte, a una salida; no la ves, pero sabes que al final la encontrarás.

Las escrituras también aseguran que una persona con una fe inquebrantable puede lograr lo que sea que se proponga. En Mateo 21:21 dice: “Jesús les respondió: De cierto les digo, que si ustedes tuvieran fe y no dudaran, no sólo harían esto a la higuera, sino que a este monte le dirían “¡Quítate de ahí y échate en el mar!”, y así se haría. Desde luego, esos propósitos deben ser nobles y deben confirmar que crees en Dios; de otra manera la fe no tendría un propósito digno.

Así entonces, la fe es creer en la voluntad de Dios. Creer que todas las cosas en tu vida pasan como deben pasar porque es lo mejor para ti.

¿Cuando tener fe?
Siempre. La fe no es un accesorio que usas solo cuando necesitas; debes tenerla incluso en los momentos en que menos lo necesites. La razón es que sin ella no eres nada, vives en un mundo lleno de inseguridades y miedos; no tendrías valentía para enfrentarte a los retos del día a día.

Esto es aún mucho más importante si te consideras cristiano. El Salmo 18: 2 dice: “Mi Señor y Dios, tú eres mi roca, mi defensor, ¡mi libertador! Tú eres mi fuerza y mi escudo, mi poderosa salvación, mi alto refugio. ¡En ti confío!”.

La fe es una de las características más relevantes de las personas cristianas; es el sustento de su religión. Básicamente si no tienes fe, dudas de Dios y su poder, amor y protección.

Sé de cuenta propia que mantenerse firme en la fe es complicado, más aún cuando no confías en ti. Para las personas con una fuerte confianza en sí mismo es más fácil tener fe. Saben que confiar es depositar su fuerza moral en un poder superior a ellos.

Creer en lo que no puedes ver es complicado. Esto se debe a que tienes que aceptar que las cosas saldrán como deban ser; aunque el resultado no sea el que esperas. Es difícil, pero muy necesario.

No tener fe es igual a sufrir
El sufrimiento es resultado de ir contra la corriente. No todas las veces oponerse a los resultados de una situación es malo; sin embargo, debes saber cuándo actuar y seguir esforzándote, y cuándo aceptarlas.

Es molesto y frustrante desear algo con todas las fuerzas y que las cosas no salgan como deseaste. Invertiste tiempo, esfuerzo y mucha voluntad; así que fracasar se siente horrible. Puedes seguir intentándolo, es tu albedrío, pero eso no garantiza que las cosas vayan a pasar como deseas; lo que sí te garantiza es dolor.

Es cierto que te esfuerzas por lograr una meta porque crees que es lo que mereces; sientes que eso te hará muy feliz. El problema es que hay “cosas” que no eres capaz de ver; cosas que Dios sí conoce. Lo que Él desea es evitarte dolores más intensos. En estos casos pueden pasar dos cosas; jamás alcanzas lo que quieres y te das por vencido; o lo logras y sufres porque no era que que necesitabas para ser feliz. En ambos casos solo te queda una opción: aprender la lección.

Ahora, siempre pasa que luego, cuando “miras atrás”, te das cuenta que lo que ocurrió fue lo mejor que pudo pasarte. Es en ese momento que te haces consciente que nada garantiza más tu seguridad que creer en Dios. Tener fe en que Él quiere lo mejor para ti es tu pasaporte a la felicidad.

De eso se trata tener fe, en creer que Dios ve más allá de lo que tu puedes ver, que en Él puedes confiar.

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