La respuesta del cerebro ante expresiones de miedo

Cuando se presenta una situación inesperada en la pantalla, como una mano que sale de una tumba o la aparición repentina de un personaje, en el cerebro del espectador se crea un estímulo que provoca una contracción muscular rápida e involuntaria a la cual se le llama respuesta de sobresalto. Dicha reacción es uno de los componentes adaptativos de sobrevivencia que tiene el cerebro ante las distintas expresiones de miedo.

Por así decirlo, es la campana que alerta para no morir ante un peligro. Y ésta no sólo “suena” durante este tipo de filmes, sino también cuando una persona aparece por detrás de otra y la asusta gritándole el clásico ¡bu!, o incluso cuando su familia y amigos salen inesperadamente de entre las sombras al hacerle una fiesta sorpresa y le dicen ¡feliz cumpleaños!

Esta primera respuesta del cerebro puede hacer que la persona que recibe el estímulo grite o cierre los ojos como método de defensa.

En la mayoría de los casos es una simple reacción que hace saltar a los asistentes, aunque también hay quienes pueden responder con mayor intensidad que otros; esto depende de la experiencia de vida, de si el sujeto tiene ansiedad o si está a la defensiva.

Tras el sobresalto como respuesta ante expresiones de miedo, suele venir una emoción positiva, como la satisfacción de ver a personas conocidas que están reunidas para cantar Las mañanitas inesperadas o la tranquilidad de estar sentado en una butaca y no escondiéndose del monstruo de la pantalla. En tales casos no pasa al siguiente estadio, que es un miedo auténtico.

“LO ÚNICO QUE TE DA [UNA PELÍCULA DE TERROR] ES UNA SERIE DE RETROALIMENTACIÓN. NO DEBE CONFUNDIRSE EL MIEDO PER SE CON UNA CUESTIÓN QUE TIENE QUE VER CON EL ENTRETENIMIENTO RELACIONADO CON LAS EMOCIONES, ENTRE LAS CUALES PUEDE ESTAR EL MIEDO”, ASEGURA HUGO SÁNCHEZ CASTILLO, JEFE DEL LABORATORIO DE NEUROPSICOFARMACOLOGÍA Y ESTIMACIÓN TEMPORAL DE LA FACULTAD DE PSICOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO.

El miedo genuino no suele presentarse al ver un filme de terror porque el espectador sabe que lo que está pasando en la pantalla es fantasía. Esta capacidad de discernir entre lo que es real y no se debe a que las funciones frontales del cerebro están totalmente desarrolladas.

Expresiones de miedo para adultos y no niños

Por ello, las cintas de terror van dirigidas a adultos, asegura Sánchez Castillo, y detalla que éstas no son recomendadas para niños porque la corteza prefrontal, un área que ha estudiado ampliamente en condiciones de estrés, no está desarrollada en su totalidad en los menores y eso hace que no tengan la capacidad de distinguir entre lo que es real y lo que no.

Es por ello que si a un infante se le obliga a observar una cinta puede pasar toda la noche creyendo que el protagonista lo atacará, porque para su cerebro fue algo que de verdad ocurrió y no lo ve sólo como una historia de ficción.

A mediados de 2019, una equivocación de los trabajadores de un cine en Montreal (Canadá) hizo que decenas de niños salieran llorando de la sala cuando por error proyectaron la película de terror La llorona en lugar de la entretenida cinta Pokémon: Detective Pikachu. 

Esta confusión se tildó por algunos medios de comunicación como la responsable de haber “traumatizado” a los menores, ya que no estaban preparados para ver en la pantalla el fantasma de una aterradora mujer lamentándose por matar a sus hijos y que ahora busca nuevas víctimas.

Dentro del cerebro

Este miedo genuino que experimentaron los pequeños en la sala podría equipararse a lo que sentiría un adulto ante una situación que en realidad pone en peligro su vida, como un asalto a mano armada. Cuando esto pasa, la persona es incapaz de ver a futuro debido a que su miedo es tan fuerte que se inactiva la corteza prefrontal y piensa nada más en que su vida se acabará en ese momento.

Al detenerse la corteza prefrontal, la actividad en la amígdala aumenta. Esta estructura con forma de almendra se localiza en el sistema límbico del cerebro y es la encargada de accionar la alerta de amenaza.

Esta alarma estimula a su vez un complejo sistema de reacciones que continúa en el hipotálamo, el cual controla el funcionamiento del sistema nervioso. Éste acelera la respuesta de lucha o huida y hace que el sujeto sea capaz de correr varios kilómetros o cargar algo pesado con tal de escapar de la situación que representa un peligro. 

El miedo está haciendo que la persona sea capaz de lograrlo. Quizás eso era lo que hacía que los antepasados humanos corrieran rápidamente y así pudieran escapar de los depredadores.

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