Tres lecciones para el combate y el liderazgo

“Más grande que la conquista en batalla de mil hombres, es la conquista de uno mismo”.Siddhartha Gautama Buda

 

Lección 1: El llamado del guerrero

Si algo vemos en la historia de la humanidad, es que el llamado de todo guerrero siempre está motivado por dos factores: El primero es un sentimiento de injusticia y el segundo un deseo de cambio. Esta pletórica filosófica de la búsqueda del bien, a cualquier costo, aplica no sólo para la guerra entre los hombres, los pueblos o las naciones, sino también para aquella que se debate en nuestro interior.

Si tú alguna vez has sentido, que tu propósito es más grande que la labor que estás haciendo, este podría ser un llamado a tu grandeza. De ti depende escuchar el llamado o acallarlo, hacer que tus deseos internos ganen, o escuchar tus propias justificaciones disfrazadas de razón.

 

Lección 2: El principio de la guerra

Todos los seres humanos, somos un constructo. El único ser inacabado, sobre la faz de la tierra, que puede elegir a placer, construirse y transformarse a sí mismo. La guerra se presenta pues, cuando un sentimiento interno, de injusticia o inadecuación de quienes somos en el mundo, se ve enfrentado a la razón que le impide su desenvolvimiento.

La realidad es que muchas veces si este llamado es fuerte, regresará, una y otra vez, generando internamente una lucha entre la razón y la emoción, sin dejarnos tranquilos de manera interna.

 

Lección 3: La espada

No hay ícono más representativo de la guerra en la historia de la humanidad que la espada. Su filo para distintas culturas nos recuerda la posibilidad del hombre que la porta, de decidir correctamente. La escisión o el corte, es vinculado también en oriente a la decisión, al camino del guerrero que se debate en la dicotomía, de lo bueno y lo malo, la razón y la emoción, lo terrenal y lo celestial. Los vínculos de este ícono, con el honor, la dignidad y la justicia son innumerables.

Es entonces el arte de decidir, lo que hará de nuestra vida, la grandeza o la perdición. Decidir define caminos, abre posibilidades y genera oportunidad.

Escuchar nuestro propósito y ejercerlo en el mundo, implica necesariamente; como en la guerra, decidir. Decidir, en qué invertiremos nuestras vidas, decidir qué causas pelear, decidir qué camino elegir, sólo así desarrollaremos nuestro propio liderazgo, y escucharemos el llamado, haciéndonos presentes en el mundo.

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